El aumento del 4% en asientos transatlánticos favorece a los viajeros internacionales, pero las rutas internas entre ciudades anfitrionas registran fuertes incrementos frente al año pasado.

Con la Copa Mundial de la FIFA 2026 a la vuelta de la esquina, el analista John Grant advierte que el torneo se perfila como “un partido de dos mitades” para el transporte aéreo en América del Norte. Este recuerda que los grandes eventos deportivos rara vez generan un aumento inmediato de la demanda y cita el precedente de los Juegos Olímpicos de París 2024, donde Air France reportó una pérdida de unos 193 millones de dólares tras ajustar su capacidad por una demanda menor a la prevista. Ahora, con 63 partidos distribuidos en la región durante junio y julio, el contexto combina temporada alta y megaevento.

Grant subraya que junio y julio concentran tradicionalmente factores de ocupación superiores al 90%, con tarifas en sus niveles más altos y aumentos de capacidad apenas modestos. Según el análisis de capacidad regular hacia los tres países anfitriones, Canadá crece un 4%, superando ligeramente a México, mientras que Estados Unidos —mercado aproximadamente diez veces mayor que los otros dos— apenas incrementa su oferta un 0,6% en los meses de mayor demanda. En este escenario de capacidad limitada, las aerolíneas buscarán maximizar ingresos, mientras los aficionados intentarán “encontrar las maneras más económicas de desplazarse entre partidos y ahorrar lo suficiente para una hamburguesa”.

De cara al mercado transatlántico, el panorama es más alentador. La capacidad regular entre Europa y Estados Unidos será un 4% mayor que el año pasado en junio y julio, lo que implica miles de asientos adicionales y, debido a la baja demanda actual, tarifas promedio en clase económica más bajas hacia ocho ciudades anfitrionas frente al mismo período anterior. Kansas City destaca con una reducción interanual del 16% y albergará el 16 de junio el duelo entre Argentina y Argelia; Boston es la excepción, con tarifas casi un 9% más altas, impulsadas por el atractivo encuentro entre Noruega y Francia el 26 de junio.

Sin embargo, “en una clásica trama de ‘juego de dos mitades’”, una vez en tierra el panorama cambia. Las tarifas domésticas entre las once ciudades anfitrionas (12 estadios) son actualmente significativamente superiores a las del año pasado. Dallas/Fort Worth, Miami y Filadelfia registran incrementos superiores al 50% en los precios promedio más bajos en clase económica hacia otras sedes. Grant advierte que, aunque los precios pueden fluctuar antes de junio, esperar hasta última hora —como ocurrió en experiencias previas— puede convertirse en una ganga o en una apuesta arriesgada si se tiene entrada, pero no vuelo. El Mundial de 2026, concluye, confirmará que en los megaeventos siempre habrá quien pague el precio, mientras otros buscarán —y quizá encuentren— una oportunidad.

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