Más seguridad aeroportuaria, controles de pasajeros, protocolos de vuelos y nuevas medidas antiterroristas transformaron la experiencia de viajar en avión desde los atentados terroristas del 11-S.
El martes 11 de septiembre de 2001 comenzó como cualquier otro día laboral en las ciudades de Nueva York, Washington y Shankville, Pensilvania. En los aeropuertos miles de pasajeros abordaban sus vuelos matutinos.
Pero ese día representó un quiebre para la aviación mundial. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por terroristas para utilizarlos en ataques contra lugares emblemáticos estadounidenses, entre las 8:43 a.m., y las 10:03 a.m. (hora de Nueva York). Dos eran vuelos de American Airlines y dos de United Airlines, operados por dos aeronaves Boeing 767 y dos B757 . Tres de ellos tenían como destino Los Ángeles y uno San Francisco.
Los cuatro vuelos que marcaron a la aviación
A las 8:46 a.m., el vuelo 11 de American Airlines, que había despegado del aeropuerto Boston Logan, Massachusett con destino a Los Ángeles, a las 7:59 a.m., impactó entre los pisos 93 al 99 la Torre Norte del World Trade Center. A bordo viajaban 11 tripulantes, 76 pasajeros y cinco secuestradores.

Diecisiete minutos después, a las 9:03 a.m., el vuelo 175 de United Airlines, también procedente de Boston con destino a Los Ángeles impactó entre los pisos 77 y 85 de la Torre Sur del World Trade Center. el avión transportaba a nueve tripulantes, 51 pasajeros y cinco secuestradores.
A las 9:37 a.m., el vuelo 77 de American Airlines, que había despegado del Aeropuerto Washington-Dulles con destino a Los Ángeles, a las 8: 20 a.m., se estrelló contra el Pentágono, en Virginia. A bordo iban seis tripulantes, 53 pasajeros y cinco secuestradores.
El cuarto avión fue el vuelo 93 de United Airlines que había partido del Aeropuerto Internacional Libertad de Newark, en Nueva Jersey, a las 8:42 a.m., con destino al Aeropuerto Internacional de San Francisco, California. A las 10:03 a.m., se estrelló contra un campo cerca de Shanksville, en Pensilvania. A bordo viajaban 7 tripulantes, 33 pasajeros y cuatro secuestradores. Los pasajeros y la tripulación intentaron recuperar el control de la aeronave, evitando que llegara al destino previsto por los secuestradores.
Ante los ataques, a las 9: 42 a.m., la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) ordenó que todas las aeronaves civiles en vuelo aterrizaran y cerró el espacio aéreo estadounidense, entre el 11 y el 14 de septiembre.
A las 12:16 p.m., de ese 11 de septiembre, 4.500 aeronaves comerciales y de aviación general estaban en tierra, dejando varados a miles de pasajeros en todos los aeropuertos estadounidenses.

¿Cómo cambió la aviación comercial?
El 19 de noviembre de 2001, Estados Unidos aprobó la Ley de Seguridad y del Transporte (Aviation and Transportation Security Act), legislación que creó la Transportation Security Administration (TSA), que transfirió el control de la seguridad aeroportuaria al Gobierno Federal de los Estados Unidos. La primera implementación de controles con personal federal comenzó en los aeropuertos en 2002 e incluyó:
- La inspección del 100% del equipaje facturado para detectar explosivos. Uso de tomógrafos especializados para el equipaje
- Restricciones de objetos en el equipaje de mano que pudieran ser utilizados como armas
- Mayores controles de seguridad a los pasajeros antes de llegar a la puerta de embarque
- Reforzamiento obligatorio de las puertas de la cabina de los pilotos
- La ampliación del programa de alguaciles aéreos encubiertos (Federal Air Marshals).
- Verificación estricta de las listas de pasajeros, contrastándolas con bases de datos de vigilancia terrorista del Gobierno.
- Controles aleatorios de pasajeros y uso de tecnologías de inspección que permiten detectar amenazas.
- Mayor intercambio de información entre autoridades y operadores
- Controles de seguridad para carga y correo aéreo
- Actualización de los estándares internacionales de seguridad establecidos y actualizados por la OACI.
La industria también comenzó a buscar un equilibrio entre seguridad y experiencia del pasajero. IATA señala que la inversión realizada después del 11 de septiembre hizo más segura la aviación, pero también reconoce el impacto que los procedimientos de seguridad tienen sobre el flujo de pasajeros y la experiencia en los aeropuertos.