La renovación de flotas, la eficiencia operacional y las regulaciones ambientales serán determinantes para el futuro de la conectividad regional. ALTA advierte que nuevas obligaciones internacionales podrían incrementar los costos de las aerolíneas.

América Latina y el Caribe enfrentan el desafío de ampliar su conectividad aérea y modernizar sus flotas mientras avanzan hacia las metas internacionales de reducción de emisiones de carbono.

La transformación ocurre en un contexto en el que la industria proyecta la incorporación de nuevas aeronaves, el desarrollo de combustibles sostenibles y la implementación de medidas operacionales que permitan reducir el consumo de energía.

Sin embargo, los esfuerzos por descarbonizar la aviación también están condicionados por decisiones regulatorias internacionales que podrían afectar los costos y la competitividad de las aerolíneas latinoamericanas.

Una región que necesitará más aeronaves

Durante el Foro de Líderes de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA), celebrado en Buenos Aires en octubre de 2022, Arturo Barreira, entonces vicepresidente de Airbus para América Latina y el Caribe, sostuvo que la región necesitaría alrededor de 2.500 nuevas aeronaves durante las dos décadas siguientes.

Aquella proyección comprendía las necesidades de crecimiento y renovación de flota previstas para ese período, principalmente mediante aeronaves de pasillo único.

Más recientemente el fabricante europeo actualizó esa necesidad en el foro de ALTA celebrado en Ciudad de México el pasado mes de octubre de 2026 a 2.720 nuevas aeronaves para el año 2045.

Las proyecciones que dio Airbus en México comprenden las necesidades de crecimiento y renovación de flota previstas para ese período, principalmente mediante aeronaves de pasillo único (2.520) y fuselaje ancho (200).

Unas 1.220 aeronaves se sumarían al total de la flota en la región.

El dato permite dimensionar uno de los desafíos de la transición energética: la incorporación de aviones más eficientes ayuda a disminuir el consumo de combustible por pasajero, pero el crecimiento de las operaciones también plantea la necesidad de ampliar la disponibilidad de combustibles sostenibles. En este terreno, América Latina ha registrado avances.

Según un estudio presentado por ALTA en abril de 2026, con el apoyo técnico de la consultora internacional ICF, el 38% de la capacidad aérea regional se opera mediante aeronaves de nueva generación, frente al 34% señalado para Europa y Estados Unidos.

La asociación estima que las inversiones en modernización de flotas alcanzan aproximadamente $40.000 millones, representados en unas 1.100 aeronaves nuevas.

Estas inversiones evidencian el esfuerzo de las aerolíneas por incorporar tecnologías más eficientes, aunque la renovación de flotas constituye solamente una parte de las medidas necesarias para disminuir las emisiones.

La eficiencia operacional también cuenta

El estudio de ALTA, titulado Net Zero Aviation in Latin America and the Caribbean: Pathways and Trade-offs, identifica oportunidades para reducir hasta un 11% de las emisiones mediante mejoras operacionales.

Entre ellas se encuentran la optimización de rutas, reducción de tiempos en tierra y utilización de tecnologías digitales para mejorar la eficiencia de los vuelos.

La implementación de estas medidas requiere coordinación entre aerolíneas, aeropuertos, proveedores de servicios de navegación aérea y autoridades aeronáuticas.

Su relevancia radica en que pueden contribuir a reducir el consumo de combustible mediante mejoras en la operación de las aeronaves, mientras se desarrolla una mayor capacidad de producción y distribución de combustibles sostenibles.

Esta alternativa cobra importancia si se considera la diferencia de precios entre el combustible convencional Jet A-1 y el combustible sostenible de aviación (SAF).

En la segunda entrega de esta serie, Informe Aéreo presentó un ejercicio que estimó un incremento cercano al 39% en el costo de llenar los tanques de un Boeing 737 MAX 9 utilizando una mezcla de 50% de SAF, frente al abastecimiento exclusivo con combustible convencional.

En ese contexto, la modernización de flotas y las mejoras operacionales representan herramientas complementarias para avanzar hacia los objetivos ambientales.

Regulaciones internacionales y riesgo de mayores costos

La disponibilidad de combustibles sostenibles no es la única preocupación de las aerolíneas latinoamericanas.

En un comunicado publicado el 27 de julio de 2026, ALTA expresó su preocupación por una propuesta de la Comisión Europea destinada a ampliar su sistema de comercio de emisiones (EU ETS) a determinados vuelos internacionales a partir de 2029.

La asociación advirtió que la superposición de diferentes mecanismos de contabilización y compensación de emisiones podría generar costos adicionales, duplicación de obligaciones regulatorias y distorsiones competitivas entre operadores.

Aunque gran parte de los vuelos directos entre América Latina y Europa quedaría fuera del alcance de la propuesta por criterios de distancia, ALTA considera que determinadas conexiones a través de centros aeroportuarios europeos podrían enfrentar cargas adicionales.

La discusión permanece vinculada a una propuesta regulatoria y no debe interpretarse como una disposición definitivamente aprobada.

Este escenario guarda relación con las reformas promovidas por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que buscan armonizar las políticas económicas internacionales y evitar que las diferencias entre países obstaculicen las inversiones necesarias para descarbonizar el transporte aéreo.

Compensación de emisiones y nuevas inversiones

El debate sobre las regulaciones europeas también se suma a los avances relacionados con los mecanismos internacionales de compensación de emisiones.

Tal como publicó Informe Aéreo el pasado 14 de octubre, la OACI se incorporó a una alianza internacional destinada a facilitar la disponibilidad de unidades de emisión elegibles para CORSIA, el esquema mundial de compensación y reducción de carbono de la aviación internacional.

Mientras aquella iniciativa busca fortalecer el funcionamiento del mercado de compensaciones, las reformas económicas planteadas por la OACI tienen como objetivo crear condiciones que permitan financiar la producción de combustibles sostenibles, infraestructura energética y nuevas tecnologías.

Ambas líneas de trabajo forman parte de los esfuerzos internacionales para reducir el impacto ambiental de la aviación, aunque responden a necesidades diferentes.

Durante la Séptima Conferencia Mundial de Transporte Aéreo, prevista del 16 al 20 de noviembre de 2026 en Montreal, Canadá, los Estados miembros discutirán la actualización de los marcos económicos que regulan la industria.

Las decisiones podrían influir en las oportunidades de los países latinoamericanos para atraer inversiones, desarrollar nuevas cadenas productivas y mantener condiciones competitivas para sus servicios aéreos internacionales.

El equilibrio entre sostenibilidad y conectividad

La industria latinoamericana enfrenta varios desafíos simultáneos: incorporar nuevas aeronaves, reducir el consumo de combustible, desarrollar energías sostenibles y cumplir con las regulaciones ambientales internacionales.

La modernización tecnológica permitirá seguir mejorando la eficiencia de las operaciones, pero las decisiones económicas y regulatorias determinarán en buena medida la velocidad y el costo de esa transformación.

Para América Latina y el Caribe, el desafío consiste en alcanzar las metas ambientales sin trasladar costos desproporcionados a las aerolíneas y sus pasajeros.

La pregunta económica que enfrenta la industria ya no es únicamente cómo reducir las emisiones de carbono, sino cómo financiar esa transformación sin comprometer el crecimiento y la conectividad aérea de la región.

Con esta publicación concluye la serie especial «El costo de volar más limpio», de Informe Aéreo, dedicada a examinar los desafíos económicos de la descarbonización de la aviación latinoamericana. Las tres entregas abordaron el financiamiento de la transición energética, el costo del combustible sostenible y las perspectivas de crecimiento y competitividad del transporte aéreo.

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